Síndrome de fatiga crónica, más que un cansancio agudo


Duermes lo suficiente pero sigues agotada, realizar cualquier actividad física te resulta tortuoso y te duele todo el cuerpo. Es posible que seas víctima del síndrome de fatiga crónica, una enfermedad invalidante más frecuente en las mujeres.



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El cansancio extremo, que ni siquiera el sueño repara, y la incapacidad para realizar ejercicio físico o cualquier actividad más o menos exigente son los principales síntomas del llamado síndrome de fatiga crónica (SFC), cuyo responsable podría ser un virus, según un estudio reciente, y que afecta a un 1% de la población.

Unos lo describen como una gripe que nunca se cura y otros como una intoxicación, pero lo cierto es que se trata de una condición cuyas manifestaciones son similares a las de la mayoría de las enfermedades virales más comunes. La diferencia radica en que, en el SFC, son más agudas y duran seis meses o más.

Como consecuencia de la imposibilidad de establecer unos síntomas específicos, “el síndrome de fatiga crónica es una enfermedad poco reconocida, tanto por el colectivo médico como por una parte de la sociedad”, asegura José Manuel Marín, médico de familia y urgenciólogo.

Tampoco las causas son claras, aunque muchos investigadores sospechan que el responsable podría ser un virus. De hecho, un estudio reciente realizado en el hospital del Valle de Hebrón de Barcelona reveló que el virus en cuestión sería el llamado XRMV.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera una enfermedad neurológica grave. Y, según los datos ofrecidos en una jornada sobre el SFC celebrada recientemente en Barcelona, éste afecta a un 1% de la población adulta entre los 25 y los 50 años y a un 2% en el caso de la población femenina, especialmente a las mujeres entre los 35 y los 40 años y a las que tienen estudios superiores.

 Lo cual abre algunos interrogantes: ¿qué factores intervienen en la aparición de esta patología? ¿Tiene un componente psicológico? Los expertos creen que la edad, la existencia de una enfermedad previa, el estrés, el medio ambiente o la genética pueden jugar un rol importante. Y Marín explica que “en el proceso de diagnóstico de la enfermedad es esencial una exploración psicopatológica”.

Síntomas y tratamientos del síndrome de fatiga crónica
El síntoma principal de la enfermedad es la fatiga extrema sin razón aparente y que puede continuar aunque se haya dormido lo suficiente. Los médicos aseguran que el cansancio puede llegar a ser tan intenso que limita las actividades; por lo que realizar ejercicio físico, por ejemplo, se torna insoportable.

Otros síntomas son la falta de memoria, la incapacidad para concentrarse, la confusión y la irritabilidad. También, dolores de cabeza diferentes a los anteriores en calidad, gravedad y patrón.

Asimismo, puede aparece dolor en las articulaciones, que muchas veces pasa de una articulación a otra; sensibilidad en los ganglios linfáticos del cuello o la axila; fiebre leve; dolores musculares y debilidad muscular en todo el cuerpo o en distintas partes y dolor de garganta.

Las personas aquejadas del síndrome de fatiga crónica pueden manifestar estados emocionales muy diferentes, y sentirse deprimidos, angustiados, incomprendidos, no creídos o muy ansiosos. Los expertos aseguran que la mayoría de los pacientes suelen sentirse deprimidos como consecuencia de la enfermedad y no al revés.

Respecto a los tratamientos, Marín subraya que no existe cura, “por lo que el objetivo terapéutico es mejorar las manifestaciones clínicas y mantener la capacidad funcional y la calidad de vida”. Y agrega: “La manera en la que debe tratarse a los pacientes es complicada y debe comprender tanto el ejercicio físico como la terapia conductual y las diferentes alternativas farmacológicas. No se ha encontrado hasta el momento un tratamiento farmacológico efectivo, de modo que los mejores resultados son los que se obtienen con la terapia cognitivo-conductual y con las terapias basadas en ejercicios físicos”.

Los aspectos psicológicos como la ansiedad, el insomnio y la depresión reactiva pueden tratarse con antidepresivos; en cuanto a los ansiolíticos, éstos se utilizan de manera puntual para el insomnio y la ansiedad, explica el experto. “Pero las dosis deben ser las menores posibles ya que estos fármacos podrían empeorar la debilidad muscular”, concluye.

Paloma Gil Estrada

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