Reflexion 19


Hay dos imágenes que son la perfecta representación de la mujer. Una está en el Louvre; la otra la tengo yo en mi casa.
La primera es la Gioconda. Al hacer el retrato de Mona Lisa no pintó Leonardo a una mujer: pintó a la mujer. En esa sonrisa inescrutable que Nat King Cole cantó está "el eterno femenino" de cuerpo y alma presentes.

La segunda imagen de la mujer en plenitud es una fotografía de Mariana, mi nieta adoradísima. Con su vestido nuevo me mira orgullosa, segura de sí misma, una mano apoyada en la cintura con altivez de reina, y esa sonrisa -que dice todo y nada dice- de pequeña Gioconda de seis años.

Miro a Mariana, miro a Mona Lisa, y desde mi indigencia de hombre alcanzo a presentir uno de los misterios de la feminidad: en toda mujer vive una niña, y cada niña es ya una mujer. Colaboración de Mario Pablo Vásquez de México, D.F.

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