Por qué hay que dejar de fumar


El humo ambiental del tabaco contiene aproximadamente 4.700 componentes químicos, de los cuales al menos 43 se han demostrado tóxicos e inductores de cáncer. El hecho de fumar está relacionado con más de una veintena de enfermedades y es causa de un elevado índice de morbilidad. Las personas que fuman presentan un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias y cáncer, entre otros trastornos.
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Enfermedades cardiovasculares

Por qué hay que dejar de fumar
© Thinkstock
Recientemente se ha descubierto que la nicotina (uno de los principales componentes del humo del cigarrillo) puede provocar el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos. Este proceso, denominado angiogénesis, está implicado en la diseminación del cáncer y en la formación de placas de grasa (placas arterioscleróticas) en las arterias coronarias (arterias que irrigan el corazón). A veces, las placas arterioscleróticas acaban obstruyendo las arterias coronarias provocando con ello una angina de pecho o un infarto de miocardio.

Enfermedades pulmonares

Fumar cigarrillos es la principal causa de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Bajo el término EPOC se incluyen dos enfermedades estrechamente relacionadas: la bronquitis crónica y el enfisema. Con el tiempo, la continua agresión del humo del tabaco sobre los bronquios provoca el desarrollo de tos crónica, con expectoración de mucosidad, y la creciente necesidad de un mayor esfuerzo para dejar entrar y salir el aire de los pulmones.
Además, los bronquios irritados son más susceptibles a contraer infecciones.
El cáncer de pulmón es la causa principal de muerte por cáncer, tanto en los hombres como en las mujeres, y fumar es el factor de riesgo más importante en el desarrollo del cáncer de pulmón.

Enfermedades específicas en la mujer

La mujer que fuma suele presentar una menopausia precoz. La menopausia predispone a una serie de enfermedades como pueden ser osteoporosis, cardiopatía coronaria o resistencia a la insulina. Por consiguiente, si la menopausia se produce de forma temprana, también aparecerá antes la predisposición para tales enfermedades.
Por otro lado, la mujer que fuma cigarrillos al mismo tiempo que se trata con anticonceptivos orales está expuesta a un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares con respecto a otros fumadores, en especial mujeres con una edad superior a los 30 años. Diferentes estudios ponen
de manifiesto que los anticonceptivos orales se asocian a un mayor riesgo de trombosis (formación de coágulos o trombos en los vasos sanguíneos) entre sus usuarias, riesgo que aún aumenta más en el caso de las fumadoras.
Las mujeres embarazadas que fuman cigarrillos corren mayor riesgo de dar a luz niños muertos, prematuros o con bajo peso. Los hijos de mujeres que fumaron durante el embarazo desarrollan con mayor frecuencia trastornos de la conducta. Diferentes estudios han puesto de manifiesto que si la madre fuma durante el embarazo, es muy posible que las hijas fumen y persistan en fumar.
Los recién nacidos de madres fumadoras tienen una mayor probabilidad de sufrir el síndrome de muerte súbita infantil. El síndrome de muerte súbita infantil o del lactante es un trastorno en el cual se altera el proceso de respiración del bebé (aparentemente sano), mientras duerme, causando su muerte de forma inesperada.

Beneficios

Una vez se ha tomado la decisión de dejar de fumar y se ha abandonado este hábito, los primeros beneficios se manifiestan rápidamente, pero también hay otros que se notan más adelante.

Los beneficios que se obtienen a corto plazo al dejar de fumar son los siguientes:
  • Mejora de la circulación sanguínea.
  • Disminuye el nivel de monóxido de carbono en la sangre, hecho importante porque el monóxido de carbono es un componente de los cigarrillos que puede inducir cáncer.
  • Normalización del pulso cardíaco y la presión arterial, teniendo en cuenta que el pulso y la presión están anormalmente altos en la persona fumadora.
  • El sentido del olfato y del gusto reaparecen.
  • Se respira más fácilmente.
Los beneficios que se obtienen a largo plazo al dejar de fumar son los siguientes:
  • Las personas que abandonan el hábito de fumar viven más años que aquellas que continúan fumando. Al cabo de diez a quince años, el riesgo de muerte prematura en un ex fumador es parecido al de una persona que nunca ha fumado.
  • Dejar de fumar es el primer paso en el tratamiento de la EPOC. Esta medida reduce de forma significativa la progresión de la enfermedad.
  • El riesgo de padecer cáncer de pulmón y de páncreas va disminuyendo gradualmente hasta que, en diez años, es entre un 30 y un 50 % inferior al de una persona que sigue fumando.
  • El riesgo de desarrollar cáncer de boca, garganta y esófago se reduce de forma significativa a los cinco años de haber abandonado el hábito de fumar.
  • El riesgo de padecer cáncer de vejiga urinaria y cáncer de útero disminuye a los pocos años de haber dejado de fumar.
  • Si ya se padece cáncer, dejar de fumar supone disminuir el riesgo de desarrollar otro tipo de cáncer primario, aumentar la expectativa de vida y disminuir el riesgo de contraer determinadas infecciones como, por ejemplo, una neumonía.

Fumadores pasivos

Otra razón muy importante para no seguir fumando es dejar de exponer a las personas cercanas a los fumadores a los efectos nocivos que produce el humo del tabaco. Los llamados fumadores pasivos tienen prácticamente los mismos riesgos de enfermedad por el tabaco que los fumadores activos, es decir, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias y algunos tipos de cáncer. La principal diferencia es que el fumador pasivo no fuma por voluntad propia.
Se puede decir que el riesgo para el fumador pasivo es doble: inhala el humo procedente del tabaco y el humo exhalado por el fumador. El extremo encendido de un cigarrillo libera al aire compuestos químicos, entre los cuales se encuentran productos tóxicos y sustancias que causan cáncer. Estas sustancias químicas se mezclan en el aire con el humo exhalado por el fumador y crean un ambiente tóxico para cualquiera que se encuentre en su proximidad, sobre todo los niños. Los niños expuestos al humo del tabaco tienen mayor riesgo de padecer enfermedades respiratorias como asma, bronquitis, resfriados, otitis media o neumonía. Con respecto al asma, los niños asmáticos expuestos a ambientes cargados sufren crisis de asma más frecuentes y de mayor intensidad.

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