Los secretos de un aliento fresco


Son pocas las personas que no han sufrido, en un momento dado, mal aliento. Algunas reglas de higiene pueden ayudar a atenuar la halitosis.
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Los secretos de un aliento fresco
© Thinkstock
El mal aliento o halitosis no tiene nada de misterioso, sus causas se conocen perfectamente: responde a una presencia de compuestos azufrados, en especial, hidrógeno sulfurado y metilmercaptán, que otorgan al aliento un olor a huevo podrido. Existe incluso un aparato que permite medir la presencia de estos compuestos, el halímetro.

Las bacterias, primeros responsables

En nueve de cada diez casos el origen del mal aliento es bucal. Se cree que hay bacterias que se acumulan en los surcos formados por las papilas gustativas, en la parte posterior de la lengua. Se trata de bacterias que producen compuestos sulfurados extremadamente volátiles, que se escapan en el aire espirado. La presencia de estas bacterias explica también el mal aliento matinal: al ser la saliva menos abundante durante la noche, las bacterias se acumulan. Cepillarse los dientes, beber o desayunar suele bastar para eliminarlas a ellas y al olor que producen.
Sólo falta saber por qué ciertas personas producen compuestos sulfurados en abundancia y otras no. El mal estado de las encías o la presencia de caries pueden producir exceso de bacterias o restos alimentarios. De manera que si sientes que tu aliento ha empeorado súbitamente, lo primero que debes hacer es acudir al dentista para que verifique el estado de tus dientes y encías y trate las caries eventuales. Éste podrá, igualmente, darte algunos consejos de higiene, sobre todo si tienes periodontitis, inflamación de las encías que forma espacios entre los dientes y las encías donde se acumulan restos de comida.

El cepillado, fundamental

La mayoría de las veces, sin embargo, el mal aliento aparece sin causa aparente e incluso en las personas con una higiene dental correcta. Una vez más, los consejos guardan relación con los hábitos de limpieza bucal. Lavarse los dientes después de cada comida y utilizar hilo dental por la noche para eliminar cualquier resto de comida entre los dientes son las dos acciones mínimas indispensables. También se recomienda, no obstante, cepillarse la lengua, en especial la parte posterior, donde las papilas gustativas son más marcadas. Para ello se puede utilizar un raspador de lengua, de venta en farmacias. Y para asegurarnos de que eliminamos cualquier remanente bacteriano, debemos cepillarnos las encías, el interior de los mejillas y el paladar.
Los enjuagues bucales con sustancias refrescantes sólo enmascaran el mal aliento y lo hacen de forma temporal. Los enjuagues con clorhexidina, por su parte, no se aconsejan porque producen efectos secundarios; se cree, además, que aumentan el riesgo de cáncer de boca. Esta práctica no debe nunca reemplazar el cepillado.

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