El deporte, una buena terapia


Con la práctica de ejercicio físico se queman calorías, se aporta más calcio a los huesos, se previene el estrés y el insomnio, se tiene mayor flexibilidad y agilidad y se mejora la circulación, sobre todo si se realiza ejercicio dos o tres veces por semana de forma regular. Todas estas mejores condiciones físicas además ayudan a estar de buen humor.
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El deporte, una buena terapia
© Thinkstock
Hay mujeres que han comenzado a hacer ejercicio físico después de los 30 años y ahora están contentas de haber descubierto sus aptitudes. Una vez que se ha tomado la decisión, se debe empezar con un programa discreto de ejercicios para aumentar la intensidad y la frecuencia progresivamente. De esta manera, el cuerpo se beneficia sin tener que pasar por situaciones de riesgo, como las contracturas y otras lesiones que se pueden dar.
No se trata de incorporar el ejercicio físico de forma drástica, sino de incluirlo en la rutina como algo nuevo que ayuda a sentirse mejor con el propio cuerpo, aporta satisfacción y hace sentir más libre a quien lo practica. Si hasta este momento el tipo de vida ha sido sedentaria, se deben introducir pequeños cambios en cuanto a la actividad y a la alimentación para mejorar los hábitos.
La actividad física debe practicarse teniendo en cuenta que la frecuencia ha de ser alta, es decir, si se va a hacer ejercicio tres veces por semana durante 30 o 45 minutos, se debe seguir esa rutina durante varios meses. La intensidad, el esfuerzo, depende de la edad, el estado físico y la preparación. No conviene excederse, ya que entonces el ejercicio resulta perjudicial.

El deporte, una buena terapia

Las estadísticas demuestran que la longevidad de las personas se ha incrementado, aunque lo importante no es sólo vivir más años, sino gozar de mejor salud.
La ausencia de una actividad física regular produce cambios similares a los que desencadena el proceso de envejecimiento: la presión sanguínea aumenta y disminuye el metabolismo, el corazón y los pulmones pierden eficacia, las articulaciones tienen menos flexibilidad y tanto el sistema nervioso como el inmunológico reducen su actividad. Además se atrofian los músculos y los huesos.
Por tanto, el ejercicio cumple un papel mucho más importante que el de la edad en lo que se refiere a la salud y la vitalidad durante la madurez. Un programa adecuado de ejercicios puede modificar incluso algunos problemas corporales. Además, el ejercicio es el medio natural de tranquilizarse, sirve como afrodisíaco, para adelgazar, como laxante, para lubricar las articulaciones, como masaje muscular, para regenerar los huesos y constituye un antídoto para la fatiga crónica, todos ellos problemas que abruman a un número elevado de mujeres. Como es un relajante natural, es aconsejable encontrar un espacio donde poder cuidar tanto del cuerpo como de la mente, lo que reporta serenidad y paz interior.

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