Cómo dejar de fumar


Hay muchas razones válidas que hacen replantearse dejar el tabaco. Para las mujeres que lo consiguen, el balance no deja lugar a dudas, ya que es totalmente positivo desde un punto de vista físico y también psicológico.
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Cómo dejar de fumar
© Thinkstock
En primer lugar, la mujer que se queja del perjuicio que el tabaco está ocasionando a su salud ha de poder anteponer el cuidado de sí misma; es decir, darse valor y ser consciente de que una cosa son las enfermedades que llegan sin avisar y otras las que se podrían haber evitado.

Cada mujer tiene un cierto tipo de organismo, un historial médico particular, etc., pero en general el tabaco perjudica siempre en algún grado. Las mujeres que han abandonado la práctica de fumar se sienten con mayor energía; además, el hecho de haberlo conseguido potencia su valoración personal.

Es posible combatir la dependencia psicológica hacia el consumo de tabaco trabajando los siguientes aspectos:
Elaborar la pérdida del tabaco: se ha creado una imagen en la cual el acto de fumar siempre estaba presente como un acompañante en diversas circunstancias; por tanto, será necesario crear una nueva percepción sin la presencia de ese elemento y entender que precisará un tiempo de acomodación personal, independiente del considerado estándar.

Puede aparecer una sensación de vacío, de hueco, que al principio no se sabe cómo reemplazar. Hay personas que, de forma temporal, gustan de mascar chicles o caramelos (para paliar esa sensación de carencia) ya que, para ellas, actúan como sustitutos.

Tratar de acompañar el proceso de deshabituación con una dieta alimentaria equilibrada, ejercicio físico y todos los cuidados que desde la orientación de profesionales puedan colaborar a sentirse mejor y más relajada. Si se ha ganado algún kilo al dejar de fumar, no atormentarse por ello.

Si de forma individual alguien no se ve con fuerzas para llevar adelante su propósito, solicitar un programa de los que se realizan en centros de salud, hospitales, etc.

Hay mujeres que guardan aparte el dinero que van ahorrando del tabaco para luego saber cuánto han reunido, y por si quieren comprarse algo que les guste.
Este sistema tiene el valor simbólico de mostrar el coste económico anterior (representativo también del coste en salud).

Acostumbrarse a decir no ante el ofrecimiento de tabaco sin temor a ser rechazada socialmente. Hay que anteponer el objetivo saludable a adaptarse a ciertas costumbres sociales.

Tratar de entender que aunque exista una dependencia a la nicotina, ésta puede ser contrarrestada mediante sistemas médicos temporales (parches, etc..), pero que es fundamental combatir la
dependencia psicológica y tratar de encontrar qué factores influyeron (con el fin de tenerlos en cuenta) para convertirse en una fumadora compulsiva.

No dejarse vencer por la sensación inicial de «nunca podré lograrlo» o comentarios de carácter negativo de otras personas del tipo «es muy difícil», «yo no lo conseguí», etc. Cada mujer es distinta del resto y ha de tratar de resolver ese tema de forma individual, aunque cuente con apoyo o asesoramiento externo.

No creer que se ha fracasado porque, encontrándose en una etapa inicial, ha sufrido una recaída, ya que el camino del abandono del tabaco no es una línea recta; lo importante es el objetivo que se ha de lograr y que la tendencia sea mantener la convicción de ir a mejor.

Si la pareja (en el caso de que la tenga) sigue fumando, no permitir que esa circunstancia sea un obstáculo para llevar adelante el propósito, aunque en este caso se tenga que luchar un poco más que si él le acompañara en el proceso.

Plantearse al principio metas cortas (el día a día), sin pensar en plazos de tiempo excesivamente largos, porque entonces la sensación de incapacidad se hace más patente.

Potenciar las aficiones o actividades que resulten más gratas: escuchar música, acudir a clases de baile, de pintura, etc., porque además de proporcionar placer, mantienen la mente y el cuerpo ocupados.

Escuchar y hablar con personas que han dejado de fumar hace tiempo para que transmitan el cambio favorable que han logrado en sus vidas.

Practicar ejercicios de relajación y de respiración que en algunos casos resultan útiles si aparecen estados de ansiedad cuando en una primera etapa se suprime el tabaco.

Valorar y observar los resultados positivos que supone prescindir de ese hábito: ropa y casa sin olor a tabaco, mayor energía para andar, hacer deporte sin cansarse, inversión o ahorro del dinero gastado en fumar... Desde el punto de vista más subjetivo, sentirse gratificada al constatar que es capaz de poner límite a un hábito perjudicial más allá de las presiones ambientales, lo cual potenciará la autoestima.

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