Caries y alimentación


Antiguamente, el azúcar era un alimento que se daba únicamente a los enfermos o que se consumía en las fiestas. Pero desde que empezó a producirse de manera industrial hace un siglo, se ha convertido en un alimento de consumo diario. Así que las caries, que durante mucho tiempo fueron un problema exclusivo de los adultos, comenzaron a aparecer en los niños.
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Caries y alimentación
© Thinkstock
Hoy, las caries son un problema que padecen sobre todo los niños, los adolescentes y los jóvenes adultos. Su frecuencia disminuye a partir de los 40 años. Es un problema de salud pública que tiene un coste muy alto.

El azúcar y las caries hacen buenas migas

La caries es un fenómeno de desmineralización de los tejidos duros del diente (esmalte, dentina, cemento dental) producida por la acidez que provocan los azúcares de los alimentos y ciertas bacterias de la placa dental. El consumo de azúcar es un factor determinante en la formación de las caries. Los azúcares más cariogénicos son los azúcares rápidos, especialmente la sacarosa, principal compuesto del azúcar de caña y de remolacha y el más utilizado en repostería. Le siguen la glucosa (extraída del maíz y utilizada en la pastelería), la fructosa (el azúcar de las frutas), la lactosa (el azúcar de la leche) y el almidón (el azúcar de los cereales y de las féculas); este último es el menos cariogénico de todos.

Una atracción natural por lo dulce

El gusto por lo dulce es algo innato y, desde que nacen, los bebés prefieren el agua azucarada al agua pura. Si bien los bebés prefieren los dulces “fuertes” –la sacarosa y la fructosa–, esta atracción por el azúcar disminuye conforme descubren otros sabores. El último sabor que suelen incorporar es el amargo.
Cuando es pequeño, el niño ve el azúcar como un alimento “especial”, que tiene un efecto tranquilizador y que constituye el modo más efectivo de calmarle. Al provocar una secreción de endorfinas, el azúcar produce cierta dependencia, demostrada por lo difícil que es eliminar el biberón dulce de la noche…

¿Caries hereditarias?

El agua con azúcar y las bebidas azucaras (gaseosas, zumos) que los padres  ponen en el biberón para alimentar o calmar al bebé son responsables de las llamadas “caries de biberón”. Se trata de caries múltiples en los dientes superiores, producidas por el contacto prolongado de los dientes con un líquido dulce. En los adolescentes aparecen las “caries fulminantes”, porque los dientes permanentes jóvenes, al estar menos mineralizados, permiten el desarrollo rápido de las caries, que suelen detectarse en un estado bastante avanzado.
La herencia genética de la caries no está comprobada; la frecuencia con que aparecen las caries en algunas familias se debe más bien a una transmisión de los hábitos alimentarios, que incluye un consumo importante de dulces en la infancia.
El dulce tiene un componente simbólico y afectivo muy alto para los niños, puesto que a menudo se les recompensa con bombones, caramelos… De modo que es difícil suprimir el azúcar, aunque sí es posible limitar su consumo y, sobre todo, acostumbrar a los niños a otros sabores.

La prevención de las caries

La higiene es fundamental: es la que impide la formación de la placa dental y la acción de las bacterias.
La prevención reposa sobre tres elementos indisociables:
Suministrado de manera suplementaria desde la infancia hasta la adolescencia, el flúor mejora la resistencia de los dientes a las caries.
Es importante seguir una higiene bucodental estricta y realizar controles dentales regulares cada seis meses.
Hay que limitar el consumo de azúcares cariogénicos. Este es el factor menos controlable ya que el azúcar, en cualquiera de sus formas, está por todas partes, en los armarios, las neveras y en todos los sitios que frecuenta el niño.
En algunas sociedades el azúcar guarda un valor simbólico y cultural importante. Sin embargo, la educación alimentaria constituye una parte fundamental de la prevención, sobre todo en las clases más favorecidas. Al igual que sucede con otros problemas nutricionales, la obesidad por ejemplo, las caries se han convertido en una enfermedad de los pobres.
Dr Béatrice Sénemaud

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