Caries: ¡los adultos tampoco se salvan!


“¡Deja de comer golosinas y cepíllate los dientes!”. Este consejo que recibimos de pequeños nos ha permitido prevenir las caries. Pero hay que recordar que sigue siendo válido para los adultos, porque las caries atacan a niños y mayores indistintamente. Con Doctissimo, ¡cuida tu sonrisa!
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Caries: ¡los adultos tampoco se salvan!
© Thinkstock
La caries es una de las patologías dentales más comunes en todo el mundo. Si no se la trata puede desencadenar graves problemas cardiovasculares, renales, oculares e articulares. Las bacterias pueden incluso alcanzar la circulación sanguínea. Así que no hay que tomarse al asunto a la ligera.

El origen de las caries en los adultos

Las caries se consideran un problema exclusivo de los niños y, sin embargo, muchos adultos también las padecen. Esta enfermedad dental supone una destrucción progresiva del diente, como resultado del ataque de las bacterias al esmalte. Cuando la caries no recibe tratamiento se propaga, y puede atacar los tejidos cercanos, los ligamentos, los huesos, las encías… Es entonces cuando tiene lugar el doloroso absceso.
En los adultos, cuatro factores contribuyen al desarrollo de las caries:
  1. La placa dental
    La placa dental es una substancia blanquecina formada de saliva, depósitos de comida y bacterias que se forma en la superficie de los dientes después de la ingesta de alimentos. Algunas bacterias de esta placa (estreptococos y lactobacilos) transforman los azúcares de los alimentos en ácido láctico, capaz de destruir el esmalte: es el principio de la caries. Para mantener los dientes sanos es indispensable eliminar esta placa con ayuda de un cepillado regular. La caries tiene “favoritos”: En la boca, como en la epidermis y en el resto del tubo digestivo, la presencia de bacterias es necesaria y, por eso, sería peligroso eliminarlas todas.Muchos tipos de bacterias diferentes cohabitan, en mayor o menor medida, en nuestro organismo, de manera que no todos somos iguales ante el riesgo de desarrollar caries…
  2. Una mala higiene bucodental
    Un cepillado irregular o incorrecto puede dar lugar a la proliferación de bacterias, lo que implica un mayor riesgo de caries. Acudir al dentista sólo cuando existe dolor de muelas es otro hábito desaconsejable. Si hay molestias, quiere decir que el problema está en estado avanzado y que, por lo tanto, hay que tratarlo. Caso contrario, se corre el riesgo de experimentar mucho dolor… físico y económico. En conclusión, un aporte insuficiente de flúor debilita la capacidad del esmalte de combatir los ácidos.
  3. Una alimentación desequilibrada
    El consumo de azúcares favorece el desarrollo de las caries, pero es la acción de picar lo que las propicia todavía más. En efecto, un trocito de chocolate aquí y una rodajita de salchichón allá impiden a la saliva neutralizar la acidez, lo que resulta en la desmineralización del esmalte y en el consecuente aumento del riesgo de caries.El consumo de bebidas azucaradas, como zumos, batidos y gaseosas, es mejor limitarlo, porque además de ser dulces, aumentan la acidez de la boca, lo que favorece la aparición de caries.
  4. Factores hereditarios favorables
    Parece que, en algunas familias, existe predisposición genética a las caries. En este caso, es conveniente seguir algunas reglas sencillas para evitar la destrucción de los dientes.

¿Cómo prevenir las caries?

Respetando las reglas alimentarias siguientes ¡evitaremos que el dentista nos encuentre muelas cariadas!
1. Reforzar el esmalte dental
El flúor tiene la propiedad de matar bacterias, de inhibir la desmineralización del esmalte e incluso de favorecer su remineralización. El agua y algunos alimentos contienen cantidades ínfimas de flúor, por lo que es aconsejable utilizar diariamente un dentífrico fluorado. Para conocer la cantidad de flúor que debemos ingerir, lo mejor es consultar con un odontólogo. Cuando se utiliza solo, el flúor deja de ser eficaz en la prevención de las caries, por eso es importante complementarlo con otros cuidados.
  1. Cepillarse los dientes tres veces al día
    Lo aconsejable es cepillarse al menos durante tres minutos después de cada comida. Esto limitará la formación de la placa dental. Para empezar, lo ideal es utilizar el hilo dental, que impide la formación de caries interdentales. A continuación viene el cepillado, que debe hacerse con un cepillo de dientes blando o medio para no irritar las encías.
  2. Si no es posible cepillarse los dientes, lo mejor es tomar un vaso de agua que ayude a despegar la máxima cantidad de depósito alimentario posible; también es bueno mascar chicle sin azúcar, que ayuda a salivar abundantemente y a disminuir la acidez bucal.
  3. Cambiar el cepillo de dientes cada tres meses
    Es lógico: a fuerza de utilizarlo, el cepillo se estropea. Reemplazarlo de manera regular permite eliminar más placa dental.
  4. Ir al dentista una vez al año
    Esto permite detectar cualquier enfermedad bucal de manera temprana, pero también definir el riesgo de caries y el riesgo periodontal en función del estado de salud general, la salud bucodental, las característica de la saliva, los hábitos alimentarios, etc. Las visitas de control permiten, además, efectuar un raspado dental para eliminar la acumulación de sarro.
En caso de embarazo, acudir al dentista
Los cambios hormonales y la modificación del flujo sanguíneo típicos del embarazo pueden favorecer las patologías dentales. La futura mamá debe consultar con su dentista al comienzo del embarazo y cuidar la higiene bucal.
Axelle de Franssu

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