La vida es como una Película



yer por la noche pensaba que la vida es como una película.
A lo largo de nuestra historia vamos filmando metros y metros de cinta con escenas compartidas en diversas circunstancias y con cantidad de personas.

Muchas de las escenas que filmamos pueden ser grandiosas, claras, bien iluminadas, interesantes, lo suficientemente divertidas y entretenidas para ser usadas en la creación de una buena historia. Pero también, como en todas las películas, muchas terminan siendo escenas fallidas, con errores garrafales, malas actuaciones, accidentes técnicos, mal iluminadas, oscuras, con ruidos no deseados y múltiples problemas o desacuerdos.

El carrete de la vida se va haciendo más largo con el paso de los años, tan largo que nos permite realizar muchas películas: la de nuestra pareja, la de nuestros padres, la de nuestros amigos, la de nuestra vida en general.

¿Qué pasa con esas películas que a veces nos hacen sufrir tanto? ¿Cómo se formaron? ¿Cómo elegimos las escenas de nuestra edición? ¿Qué escenas tomamos y cuáles desechamos? Creo que la vida siempre puede ser vista con dos lentes distintos:
los lentes oscuros del Egoísmo o los lentes claros del Amor.

Los lentes del Egoísmo son lentes que, mientras más dosis de egoísmo tienen, más oscuros son, y mientras más lo son, menos permiten ver la luz de las cosas. No hay LUZ, sólo OSCURIDAD; la vida está llena de sombras incómodas, todo es un obstáculo con el que tropezamos una y otra vez.

Cuando usamos los lentes del Egoísmo, estamos demasiado alerta a la complacencia del Yo. Ésos nos llevan a centrarnos en lo que me das y LO QUE NO ME DAS; en cuando estás conmigo y CUANDO NO ESTÁS CONMIGO; en lo que me has dicho y LO QUE NO ME HAS DICHO; en cuando has estado a mi lado y CUANDO ME HAS ABANDONADO.

El egoísmo crea jueces severos e implacables ante las diferencias de opinión y de creencias, nos centra en el YO; en el aquí YO importo; en el importa lo que ME das pero también lo que NO ME das. El EGOismo quiere controlar, hacer que las cosas funcionen con base en que los demás piensen y respondan sólo de acuerdo con nuestros valores y creencias. Por eso surgen jueces severos e implacables que dictan sentencia desde la ofensa, desde el dolor, desde la amargura y la descalificación a los demás ante el no recibir lo que “DEBE” ser correcto.

Ver la cinta con los lentes del EGOísmo trae consigo una historia oscura, generalmente llena de frustración, de dolor y amargura, carente de tolerancia y con una obvia falta de aceptación hacia quien no nos da lo “que debe ser”, porque no se satisfacen las expectativas de nuestros deseos y, por ende, sufrimos.

Los lentes del Amor, por el contrario, son claros. Cuando hay mucha luz no cabe la oscuridad, cuando hay aceptación y satisfacción no cabe la amargura. Los lentes del Amor nos conducen a ser compasivos, a aceptar diferencias y errores, a aceptar puntos de vista que no concuerdan con los nuestros. Con los lentes del Amor no podemos ofender a quienes amamos, aun cuando en ellos existan “grandes errores”. El Amor nos lleva a la felicidad surgida de amar a pesar de las diferencias y de los errores de los demás. Lo que es claro y está lleno de luz, siempre se mantendrá alejado de lo oscuro.

A lo largo de nuestra vida se pueden haber grabado miles de escenas, pero siempre acabamos siendo el director de nuestra propia película y quien decidirá con qué selección de escenas, buenas y malas, la crearemos. Podemos dejar en ella solamente lo oscuro, los errores, lo irreparable, o podemos optar por mantener las mejores tomas, las mejores actuaciones, lo mejor de lo grabado en metros y metros de cinta, con lo más productivo, y así lograr una película que, sin haber dejado de ser conscientes de los errores y de las diferencias, nos llevará a construir un buen producto final.

Una de las cosas más difíciles, es mirar toda la cinta grabada y no detenerse exclusivamente en “las malas escenas”, cuando resulta que éstas han sido superadas por las “buenas”. Sólo hay que decidir seleccionarlas y editar esa película. Pero, ojo, si al momento de editar tenemos puestos los lentes del Egoísmo, seguramente seguiremos enjuiciando con toda severidad y entonces responsabilizaremos a los demás del fracaso de nuestra propia película. Hay que editar teniendo puestos los lentes del Amor.

Hay que aprender a ser felices a pesar de nuestras diferencias, a pesar de los errores de vida y de los errores de otros. Es necesario aprender a editar con Amor, para de esa forma obtener lo mejor de todas nuestras tomas, para que a pesar de todas esas malas escenas y de todos esos errores de actuación, logremos realizar una extraordinaria historia personal. 

Nunca olvidemos que los lentes del Egoísmo son reactivos. No requieren, ni tampoco quieren, que nosotros cambiemos, porque son los demás quienes siempre deben cambiar y corregir a fin de que nosotros nos sintamos felices. En cambio, los lentes del Amor nos permiten reconocer las diferencias y ser felices a pesar de todo.

No podemos cambiar el pasado, ni siquiera a los malos actores podemos convertirlos en buenos. Lo que sí podemos hacer, es en nuestra propia película darle más cabida a las mejores tomas y partiendo de ahí, configurar nuestra propia edición.
Yo no pudo cambiar quien tú eres, pero en mi película, la selección de escenas y su edición, la ejecuto yo. Seguro estoy.

Escrito por Guido Rosas


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