Cristianos » Cristianismo » Confesando Nuestros Pecados. (Segunda y Última Parte)


Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Stg.5.16

Confesar nuestras ofensas; Confesar, declarar, admitir, confesar en el sentido de admitir la propia culpa de la que ha sido acusado, resultado de la convicción interna que trae a nuestra vida el Espíritu de Dios.

Santiago, en este versículo nos da tres preciosas enseñanzas:

1-confesar nuestros pecados unos a otros, pero notemos el cuidado que debemos de tener en cuanto a este asunto. Santiago dice; la oración del justo puede mucho, debemos de leer los versículos anteriores, donde el está mencionando a los ancianos de la Iglesia, es decir a las autoridades pastorales, justo, aquel que es irreprensible delante de Dios, es decir de buen testimonio.

Personalmente creo en la bendición sobrenatural que viene a nuestras vidas cuando hemos confesado alguna falta Es literalmente como habernos despojado de un peso que estaba sobre nuestros hombros y no solo eso, sino del consejo que recibimos a la luz de la palabra, lo cual trae de inmediato la paz tan ansiada por nuestro corazón, pero también una de las maneras hermosas que el Espíritu Santo me ha revelado para liberarme del pecado es, escribir en un trozo de papel todo aquello que este siendo señalado por el Espíritu de Dios , quien es quien nos convence de pecado y luego quemarlo, para ofrecerlo así delante de la presencia de Dios, como sacrificio de olor grato.

2-Orar unos por otros; la bendición de ser ministrados por nuestras autoridades o hermanos en Cristo, de igual manera no tiene precio, es un acto de sumisión y humildad el permitir que otros oren por nuestras vidas  ya que muchas veces necesitaremos ser guiados y ayudados por nuestros hermanos mayores y de la misma manera, el poder ser un instrumento de bendición, al orar por nuestros hermanos en Cristo.

3-Seremos sanados; Stg. 5:15  Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.

Recordemos, que la sanidad que muchas veces recibimos no solo se refiere a la de nuestro cuerpo, sino a la de nuestra mente, y alma. La confesión trae una liberación y sanidad inmediata, es decir, que nos devuelve el sano juicio, se va toda culpa o acusación de parte de Satanás, o aun la enfermedad que nos agobia.

El Señor me ha permitido poder ver esa transformación del antes y después, en algunas vidas por las que he sido enviada a orar, ver sus rostros antes y después de la oración, es maravilloso lo que ocurre, es como una transformación de la oscuridad al resplandor de su luz.

He podido ver como un cuerpo aparentemente estaba enfermo, pero cuando confiesa lo que pueda estar atormentándole, o perdona las faltas de los que le han causado daño, las lágrimas brotan, el corazón se vuelve de carne, es decir, un corazón sensible a la presencia de Dios y la gracia de Jesús desciende al instante, la sanidad del alma, o del cuerpo hace brillar el rostro de ese ser humano.

Lo importante no es el tamaño o la dimensión de nuestros pecados, lo único importante delante de nuestro amado Padre Celestial es que podamos acercarnos a él confiadamente, con corazón transparente, sin mascaras, sin velos

El Salmo. 51.6 dice, He aquí, tú amas la verdad en lo intimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Si hay algo que agrada el corazón de Dios, es que sus hijos practiquemos la verdad, la transparencia, ya que es de la única manera en que él puede comunicarse con nosotros, pues cuando tenemos pecados ocultos, estos hacen separación entre nosotros y El Isaías 59.2, dice, pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros rostro para no oír.

Cuando venimos a sus caminos a través de nuestro Señor Jesucristo, todos, absolutamente todos nuestros pecados fueron perdonados, pero para tener un caminar en libertad, es necesario que día a día, le permitamos al precioso Espíritu Santo, pueda escudriñarnos, para así poder presentarnos irreprensibles delante de la presencia de nuestro Dios y salvador.

El que encubre sus pecados no prosperara; Más el que los confiesa y se aparta alcanzara misericordia. Proverbios.28.13 Confesemos nuestros pecados, oremos unos por otros  y entonces seremos sanados, recuerda que la sanidad, no solo es física, sino también de tu alma.

Querido amigo, querida amiga, como siempre dos opciones, decides vivir en medio de la mentira del enemigo, o confiesas tus pecados delante del Señor Jesucristo para sanidad y vida eterna. Tú decides.
Elsa Moran.

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