Pedazos de carbón



Un niño de 10 años entró enojado en su casa. Luego dijo a su papá: "Estoy con
Muchísima rabia y enojado con Joaquín".

 El papá escuchaba a su hijo mientras seguía con su reclamo: "Joaquín me humilló delante de mis amigos. ¡Me gustaría que le pasara algo malo!"

 El papá escuchó todo atentamente mientras caminaba buscando una bolsa de carbón. Llevó la bolsa hasta el patio y dijo a su hijo:

 "Quiero hacerte una propuesta. Imaginemos que aquella camisa blanca que está colgada es tu amigo Joaquín y que cada pedazo de carbón es un pensamiento malo que tú le envías.

 Quiero que tires los carbones en la camisa; dentro un rato vuelvo para ver cómo queda".
 La camisa estaba colgada lejos, y pocos carbones acertaban al blanco. Al fin, el papá le preguntó: "Hijo, ¿cómo te sientes?:

 "Estoy cansado, pero feliz porque acerté muchos trozos de carbón en la camisa".

 El papá le dijo: "Quiero que veas una cosa". El hijo fue hasta el cuarto y se miró en un espejo; estaba todo ennegrecido y sucio.

 El papá, le dijo: "Viste que la camisa casi no se ensució. Pero fíjate en ti mismo. Las cosas malas que deseamos a los otros son como lo que te pasó a ti.

 Aunque consigamos molestar a alguien, nosotros quedamos más manchados. Cada cosa mala que hacemos: una grosería, una mentira, un insulto, una venganza; aunque nos hiciera sentirnos algo mejor, nuestra alma se ha manchado y no somos mejores.

 Máxima:
 "Lo que deseas a los demás lo deseas para ti".

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