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Durante la Guerra de la Independencia, el sargento de una pequeña Compañía daba órdenes a sus subordinados, que estaban tratando de transportar una viga muy pesada , completando algunos trabajos militares. El peso era terrible, y se oía al sargento gritando a menudo: -¡Alcen!, ¡alcen!, ahí va, otra vez ¡alcen! ¡¿que les pasa?! ¿no desayunaron hoy? ¡vamos con fuerza! ¡alcen! Un caballero sin uniforme, pasaba por allí y preguntó porqué él mismo no les ayudaba un poquito.

Atónito, y con la majestad de un emperador, dijo:

- Señor, yo soy un sargento

-¿De veras lo es usted? - replico el desconocido -, no sabía esto.
Y quitándose el sombrero, saludó diciendo:
-Perdone usted, señor sargento.
Luego desmontó, y comenzó a ayudar a los soldados en su pesada tarea, hasta que el sudor corría por su frente.
Cuando la viga fue por fin levantada, se dirigió al excelso hombre, y le dijo:

- Señor sargento, cuando vuelva a tener un trabajo como éste, y no tenga suficientes hombres, mande a buscar a su general, y vendré con gusto y ayudaré en una nueva ocasión.

El sargento quedó desconcertado por esas palabras, y entendió que el oficial que le había dado esta lección era el mismo George Washington, general en jefe del ejército americano.

3 comentarios:

  1. Un poco blando george Washington, para mi gusto. Sabes que tengo problemas para comentar en algunos blogs, así que este comentario te lo dejo como anónimo. Un abrazo, tu amigo

    El Drac

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  2. Preciosa anecdota.
    Hay un dicho en la picaresca española que dice algo más o menos así: "Si quieres conocer a tu cuñadillo(cuñado) dale un carguillo" Solo cuando algunos se siente con poder aunque este sea tan anecdotico como el del sargento..goza sobre manera demostrandolo.

    Saludos.

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  3. Estás son las cosas que te hacen tener fe en la humanidad. Espero que ese general cambiara desde ese día.

    Saludos desde els-relats.blogspot.com

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