Juicio, opinión, preferencia y discernimiento...


Ahora me gustaría describir la diferencia entre juicio, opinión, preferencia y discernimiento. Parece haber mucha confusión y controversia sobre estas áreas entre los buscadores espirituales de hoy.
Un juicio es la proyección de un pensamiento hacia o sobre otra persona o uno mismo que niega el valor de la esencia de la persona, o sobre Uno Mismo. Identifica a la otra persona o a uno mismo con algo que no gusta y de lo que se cree que no tiene valor. Por ejemplo, si dices o piensas: «Es un imbécil y un cabezota», identificas a la persona con aquello que le has llamado. Ignoras el valor de la esencia de esa persona y etiquetas a la persona toda basándote en su actitud o comportamiento. Esto es un juicio.
De otro modo, si dices o piensas: «Me siento de verdad inseguro y frustrado y me enfado cuando es así de cabezota y no me gusta», expresas tus sentimientos y estableces una opinión sobre lo que percibes en el comportamiento de la persona. Si también dices o piensas: «No me siento seguro ni respetado por esta persona y he decidido no pasar más tiempo con ella», indicas una preferencia basada en una experiencia vital. Esto es usar el discernimiento.
Recuerda: Eres responsable espiritualmente de no juzgarte a ti mismo ni a otros en ningún caso. Cada espíritu o alma realiza su propio viaje evolutivo y no tienes derecho a condenarlos, juzgarlos y así negarles o negarte a ti mismo el propio valor inherente. Sin embargo, a la vez eres responsable de hacer elecciones basadas en el discernimiento, cuidar de ti mismo y no ser una víctima. Si sabes que alguien ha venido comportándose de una manera poco fiable, poco respetuosa o dañina, debes usar el discernimiento y elegir qué grado de relación es apropiado que mantengáis. Esto no es negar la capacidad de crecer de la otra persona, sino elegir mientras tanto cómo prefieres relacionarte con ella.
Una vez, mientras meditaba junto a una piscina termal en California hace unos nueve años, un hombre entró dando gritos y haciendo aspavientos. Con los ojos cerrados empecé a quejarme en silencio pensando por qué dejaban entrar en la piscina a personas tan molestas y poco espirituales. ¿Por qué no limitar el acceso a personas sensibles y espiritualmente apropiadas como yo? Cuanto más molesto y ruidoso era su comportamiento, yo reaccionaba con juicios cada vez más arrogantes. Después sentí clariauditivamente la voz de un hombre que decía: «¡Si lo juzgas, en eso te convertirás!». No hace falta decir que reaccioné con humildad a esta frase. Respondí en silencio: «Ayúdame a verle de otro modo. ¿Qué debo hacer?»
El Hermano Blanco que me hablaba me lo explicó así: «Imagina un círculo de 360 grados. Cada aspecto de tu carácter, identificación de personalidad y comportamiento sufre un proceso evolutivo que empieza en el grado cero y termina en los 360 grados. Por ejemplo, en el área de la sensibilidad hacia otros y hacia el entorno, ahora estás en el grado 280 y el hombre al que juzgas tan mal estará en el grado 40. Y sin embargo, lo único que crea la ilusión de diferencia entre vosotros dos es que vuestra conciencia está basada en una realidad de tiempo y espacio. En un nivel de ser y de espíritu fuera del tiempo y el espacio, ambos ocupáis los 360 grados simultáneamente, lo que os convierte en iguales. Lo más probable es que no lleguéis a tener una amistad aquí en la Tierra en el tiempo y el espacio porque en esta vida vuestros niveles evolutivos son incompatibles. Pero debes verlo como a un auténtico igual y reconocer su valor espiritual aunque decidas con tu discernimiento no pasar tiempo con él».
Agradecí de verdad al Hermano con lágrimas en los ojos una lección que tanta falta me hacía. Creo que nunca olvidaré esa lección, aunque a veces aún me veo con necesidad de aplicarla.
Básicamente, debes decidir con discernimiento con quién te asocias íntimamente y con qué grado de intimidad. Desde un punto de vista vibratorio, resuenas con algunas personas y con otras no tienes nada que ver. Es natural tener preferencias basadas en la resonancia y la compatibilidad. Es importante darse cuenta de que el nivel evolutivo de compatibilidad puede ser muy distinto de la atracción que sientas por el alma de alguien. Ese alguien te puede atraer por el alma y mediante el magnetismo kármico para después descubrir que la vida diaria con esa persona es dolorosa, desagradable o incompatible en el mejor de los casos.

Un compañero sentimental mío me acusó una vez de culparlo, juzgarlo y no tratarlo como igual porque le decía que nunca cumplía las promesas que me hacía y le daba ejemplos específicos de ello. También le explicaba que este comportamiento particular suyo me dolía. Cada vez que me mostraba dolida o quería hablar de algo que no funcionaba en la relación, recibía de él el mismo mensaje y yo reaccionaba llorando, sintiéndome culpable y esforzándome de verdad por comprender y amar mejor.
Pero también seguía pensando de mí misma que no actuaba de modo correcto.
Un día, después de haberse repetido esta situación, el Arcángel Miguel me dijo suavemente: «Amorah, al negarte amor y hacerte acusaciones que te hacen sentir culpable y te avergüenzan, te manipula y te controla. Si ves que algo no funciona, tienes derecho a señalarlo. Cuando una persona te trata mal, tienes la responsabilidad de defenderte y de no permitir que continúe. Contestar de esa manera no es culpar, es usar el discernimiento. Puede que sepas que él es un igual en el nivel del alma, pero en el trato personal diario es un chiquillo rebelde y torturador la mayor parte del tiempo, mientras que tú eres una mujer adulta. No estáis en el mismo nivel de crecimiento y madurez aquí en la Tierra. Es importante que reconozcas eso sin culpa y dejes de avergonzarte de señalarle sus actos y sus actitudes».
Lecciones como ésta son increíblemente valiosas para el viaje espiritual. A la hora de elegir sensata y amorosamente a compañeros y amigos, no sólo debes tener en cuenta tu conexión con el alma de otras personas y su plan espiritual. También debes examinar sus acciones diarias y su comportamiento ante las situaciones de la vida. Si no ponen en práctica diariamente lo que representan sus ideales espirituales, no pueden o no quieren mantener sus promesas ni tratarte con respeto e integridad, debes utilizar el discernimiento y elegir la naturaleza de las relaciones que quieras o no mantener con ellos.
Ahora que he expuesto lo que es un juicio, un discernimiento, una preferencia y una opinión, estás preparado para despejar un juicio. Piensa en alguien de quien tengas un juicio. Piensa en ese juicio. Luego vuelve al proceso para despejar una creencia y sigue los mismos pasos que para despejar el juicio.
Afirma:
«RECONOZCO QUE ___________ (nombre de la persona) ES UN ESPÍRITU DE LUZ SANTO Y DIVINO CUYA VIDA TIENE VALOR».
Aún puedes decidir no tener nada que ver con esa persona, estás en tu derecho.

- Texto enviado por María Ines Haberkorn. Muchas gracias por compartirlo y aportar a este espacio.

*Si conoces alguna reflexión o texto que quieras compartir para enriquecer este sitio envíalo a : elserbohemio@hotmail.com

4 comentarios:

  1. Es bastante instructivo este texto.
    Un placer como es habitial al venir a leerte
    Un saludo y feliz semana

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  2. Siempre es un placer, aunque por ignorancia o por incredulidad, no creo en este texto.

    Tal vez esté en el grado 1 y por eso no lo veo, pero creo que somos simples animales evolucionando que necesitan creer que son algo superior. A través de las religiones o a través de este tipo de conciencias como la que relata este texto.

    Un abrazo.

    Feliz semana.

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  3. Aun viendolo de manera figurativa y no literal...es un texto impresionantemente lucido y sanador. Es de una "conciencia espiritual" autentica...medicina para el alma y balsamo para los caminantes brutos que topamos con los ojos cerrados por todas las esquinas. Un placer leerlo.

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  4. que pasa si la persona a la que teng que dicernir y la que me lastima y hace daño es mi propia mama

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